Azaháres en Noviembre

Enviado por Jose Manuel Soto el Lun, 11/16/2015 - 10:00

Hoy es lunes, me he levantado temprano, y aún de noche, he salido a la calle como cada día a comprar el pan y a recoger el periódico q amablemente me deja el repartidor cada mañana bien temprano. Movimientos rutinarios: las llaves, la chaqueta, la gorra, las gafas, el movil, el dinero...compruebo q no me dejo nada en casa antes de salir.

Estamos a mitad de Noviembre, en la radio y la televisión hace semanas que empezó la campaña navideña: regalos, champán, lotería...como cada año intentan, (y consiguen), sensibilizar a la gente para que gaste lo poco que tiene en estas fechas que marcan el final de un año y el comienzo de otro.

El almanaque empieza a llenarse de fechas marcadas con comidas, fiestas, celebraciones...nos da la sensación de que ya poco podemos hacer para detener esa corriente superficial y festiva que nos arrastra un año mas a ninguna parte y nos obliga a derrochar euforia y dinero absurdamente en nombre de un Dios que nació pobre como las ratas y cuyo mensaje hace tiempo que el mundo olvidó.

Pero hoy, de repente, al salir a la calle, hay una sorpresa que no esperábamos y nos cambia los esquemas, un olor que se nos mete en el cerebro sutilmente pero pone bocabajo todo nuestro esquema mental, no puede ser, no es la época, aspiramos el aire nuevamente, esta vez con intención perruna de olfatear algo que nos llama la atención, un olor que se nos cuela en el alma y nos trae recuerdos de lejanas primaveras, sensaciones que se agolpan en nuestra mente desordenadas y febriles.

Si, es el azahar. En los naranjos del barrio está floreciendo el azahar, y estamos a mitad de Noviembre. Las lluvias de Octubre unidas a los calores de estas últimas semanas han vuelto locos a los naranjos que experimentan floraciones propias de la primavera. La naturaleza reacciona con lógica aplastante a su propio desorden, causado por la acción destructiva del hombre.

A mediodía, dando un paseo por el parque, en medio del silencio, escucho un murmullo primaveral de abejas que se afanan por exprimir el néctar de las muchas flores que nacen por todas partes, aunque las calles estén adornadas ya de Navidad y en las tiendas suenen los villancicos para animar al consumo.

Es sin duda un aviso de que algo raro está ocurriendo en el mundo, y es también una metáfora de que ese mundo ordenado y racional que habíamos conocido desde niños está cambiando y puede que nunca vuelva a ser el mismo. El miedo a posibles atentados terroristas nos atenaza y nos hace envolvernos en un caparazón egoista y desconfiado.

La maldad humana, llevada hasta el extremo por un fanatismo religioso que nace de la ignorancia y la desesperación, parece ser capaz de superarse a si misma, algo que creiamos imposible después de las terribles guerras que asolaron el mundo durante todo el Siglo XX, y que nos dejaron imágenes desoladoras de una crueldad inhumana.

El miedo a una nueva crisis mundial, provocada esta vez por la amenaza terrorista bloquea nuevamente los mercados y paraliza una recuperación económica que parecía empezar a consolidarse tímidamente, acabando así con las esperanzas de muchas personas, especialmente muchos jóvenes, de encontrar un trabajo digno que le permita soñar con un futuro próspero.

Los gobiernos se preparan para posibles acciones militares que dejarán muchas muertes y mucho sufrimiento en el camino pero que harán ganar popularidad a muchos líderes mediocres carentes de carisma y liderazgo. Y harán ganar mucho dinero a los fabricantes de armas, los que están detrás de cada nueva guerra.

Ante este panorama, el resto de problemas domésticos dejan de tener protagonismo en la lucha mediática de cada día. Por unos días al menos descansaremos de los desvaríos mesiánicos de ciertos políticos regionales con ínfulas de gloria que pretenden llevar a sus pueblos al abismo para tapar sus desastrosas gestiones.

Mientras la vida sigue, con sus viejos asuntos cotidianos, las glorias y las miserias humanas, los pequeños milagros de cada día. En el mismo hospital donde una persona muere invadida por un cáncer que nadie supo parar a tiempo nace otro ser humano que nos llena de alegría y esperanza. La vida y la muerte, el gozo y el dolor, la luz y la sombra, el éxito y el fracaso...

Ojalá que este miedo que hoy nos bloquea sea en el futuro solo un mal recuerdo de un Noviembre maldito en el que lo vimos todo tan negro, aunque el milagro de la blanca flor del azahar nos devolviera por un momento la Esperanza.

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