Paco de Lucía

Enviado por Jose Manuel Soto el Jue, 02/27/2014 - 12:01

Creo recordar que era hacia 1973.
Yo tendría 12 años y estaba interno en Villafranca de los Barros, Badajoz. Eran años oscuros.
Los sábados por la noche nos dejaban ver un rato la tele, aquella tele en blanco y negro de nuestra infancia con la que los jerarcas del Régimen manipulaban a su antojo a las masas y las entretenían para que no pensaran mucho en otras cosas, más o menos como ahora, con la diferencia de que entonces los programas tenían mucha más calidad. Había grandísimos profesionales y nadie salía en la pantalla si no era realmente importante.

Uno de aquellos grandes profesionales era José María Iñigo. En su programa "Estudio Abierto" salían los artistas más destacados, tanto consagrados como noveles. Y allí fue donde lo vi. Paco salió solo, con su guitarra, tocando "Entre dos aguas", y ya nada fue igual. Yo era solo un niño, pero me di cuenta de que había nacido algo nuevo, una música nueva, distinta, fresca, con una fuerza y una personalidad enormes que marcaría nuestra vida para siempre.

En cuanto pude me fui a El Corte Inglés y me compré el disco, había una cola enorme para comprarlo, se llamaba "Fuente y Caudal", me lo llevé a casa y lo escuché con veneración durante noches enteras, era sencillamente genial. Los dedos de Paco dibujaban falsetas inimaginables, melodías rabiosamente nuevas, pellizcaban las cuerdas con una mezcla de rabia y dulzura que no dejaba indiferente a nadie, había nacido un genio, alguien que vendría a cambiar para siempre esa música tan rancia que no nos interesaba nada a la gente joven de entonces.

Eran años de dominación musical anglosajona, casi monopolio, Supertramp, Pink Floyd, Eagles, Cat Stevens, Simon & Garfunkel, Elton John, Jimi Hendrix, y sobre todo los Beatles, arrasaban entre la gente joven del mundo y también de España, huérfana de una música autóctona que nos dijera algo, a excepción de algunas cosas de Serrat y los clásicos grupos de Folk que proliferaban entonces como setas.

Pero al llegar Paco todo cambió. Empezaron a surgir cosas interesantes. Era como si Paco hubiera despertado la conciencia de los artistas españoles, que empezaron a revelarse contra todo lo establecido, sirviendo como medio de expresión a toda una sociedad que empezaba a despertar y a pedir cambios. Especialmente de Andalucía, región clásicamente pobre y marginada, fue de donde salieron las cosas más interesantes: Triana, Alameda, Lole y Manuel, Veneno, Gualberto, cada uno de su padre y de su madre, pero todos con una clara influencia flamenca, puede que espoleada por el genio rompedor de Paco, algo de lo que puede que ni el propio Paco fuera consciente...

Luego vinieron aquellos discos maravillosos con su amigo Camarón, otro genio, que consolidaron definitivamente el flamenco como lo que es hoy, una música viva y moderna que emociona a los públicos de todo el mundo, de cualquier edad, raza, idioma o condición social. No faltaron los críticos, como siempre que alguien se sale del cascarón y rompe con lo establecido, pero no consiguieron parar aquella corriente ingobernable de ansias de libertad y cambios en todo.

No contento con poner el flamenco boca abajo, Paco se lanzó a la búsqueda de otras músicas con las que fusionarse, y brilló con luz propia junto a los grandes del Jazz, como Di Meola o Korea, que vieron como aquella guitarra flamenca se ponía a la altura de ellos y a menudo los dejaba en silencio, callados, admirados, alucinados ante aquella forma de tocar desconocida para ellos.

Paco rompió los moldes, viajó por el mundo, tocó en los mejores escenarios, se atrevió también con el sublime "Concierto de Aranjuez" del Maestro Rodrigo, con una valentía y una humildad que fueron siempre la clave de su vida y de su obra. Osadía desde la modestia. Paco fue un revolucionario que no quiso darse nunca importancia. Odiaba la fama y los flashes y era celoso de su intimidad, su familia, sus amigos y su tierra.

Andalucía era todo para él, pero tanto la quería que prefería verla desde fuera. El Caribe era su lugar favorito. Después de cada gira se refugiaba en su casa mejicana junto a aquellas arenas blancas y aquel agua tan clara y se distraía pescando y compartiendo buenos ratos con su familia y sus viejos amigos de siempre a los que nunca olvidó.

Fue un artista único, generoso, prolífico, genial. Tardaremos en digerir su enorme legado, pues la huella que ha dejado en la música es tan honda que pasarán años para que nos podamos dar cuenta de su magnitud.

Yo me quedo con su sencillez, su bondad, su grandeza de ser humano y de creador. Recordaré para siempre aquel concierto en el Alcázar de Sevilla, y el pellizco enorme de sus trémolos morunos. No habrá otro igual. Gracias a él el flamenco, nuestro flamenco, es hoy la música más viva, más hermosa y más admirada del planeta, orgullo de Andalucía, Patrimonio de la Humanidad, y debería ser estudiada en las escuelas como lo que es, nuestra principal seña de identidad como pueblo.

Gracias Maestro, hasta siempre.

Foto: Andalucía Información

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